Una fiesta de 15 años inolvidable en medio de la pobreza.

Una fiesta de 15 años inolvidable en medio de la pobreza.

La abuela de Dariluz Pino, quien también ha sido su madre, ahorró durante dos años para el agasajo en la humilde casa de tablas.
Sentimientos encontrados ha generado a nivel nacional, la forma como Lidubina Durán de 70 años de edad, ahorró a lo largo de dos años, para realizar una modesta fiesta de cumpleaños a su nieta, Dariluz Pino.
Según el relato de la anciana, quien habita en Puerto Santander, zona rural de la ciudad de #Cúcuta, adquirió un novillo por una suma de 300 mil pesos, el cual crió a lo largo de dos años hasta venderlo por la suma de 1,350,000 pesos, dinero suficiente para alquilar un vestido, comprar unas bombas y brindar a su nieta un momento inolvidable. Sin duda una verdadera muestra de amor, digna de resaltar, en medio de la pobreza absoluta.

 

 

Detrás de la alegría que reflejaba Daryluz Pino, celebrando en medio de la pobreza sus 15 años, estuvo la valentía, el amor y la dedicación de su abuela, Lidubina Durán, de 70 años, quien tomó las riendas de su nieta desde los tres meses de nacida.

Vestida de blanco, como la transparencia que le ha permitido sacar adelante a su nieta, Durán confesó que aunque la fiesta no tiene la elegancia y el derroche de cualquier celebración de unos 15 años, sí le tomó al menos dos años conseguir el dinero para no dejar pasar por alto esa importante fecha.

“No sabe los sufrimientos que he tenido. Ahorré sola durante dos años. Ella (Dariluz) no ha crecido junto a sus papás. La tuve desde los tres meses y ahí voy adelante”, contó Durán.

La abuela aseguró que tuvo que criar algunos cerdos y vender galones de gasolina para conseguir $300.000 que le costó un novillo que posteriormente vendió en $1’350.000, cifra que invirtió en la celebración.

“Le alquilé el vestido y compré lo necesario para preparar un arroz mixto y hacer unos pasapalos con gaseosa. Eso sí, no hay nada de licor”, agregó Durán.

Un accidente

Mientras Dariluz caminaba sonriente por su casa, acompañada de primos y vecinos, un recuerdo hizo que se rompiera la tranquilidad que vivía y que su rostro se llenara de lágrimas.

“El único que me face falta es mi primo, que no pudo estar hoy acá conmigo”, dijo la quinceañera, mientras agachaba la mirada para dejar caer sus lágrimas.

Su ser querido sufrió un accidente de tránsito que lo mantuvo hospitalizado mientras recibía atención médica.

El consuelo de su abuela terminó con un abrazo que le devolvió los ánimos para continuar celebrando su fiesta.